La última luz del verano
La foto fue tomada después de una comida larga, cuando nadie tenía prisa por levantarse. Mi madre estaba contando una historia que todos conocíamos y aun así la escuchábamos como si fuera nueva. Mi hermano salió del encuadre para buscar más hielo. Yo recuerdo haber pensado que la luz era demasiado bonita y que debía guardar ese momento. No sabía que unos meses después miraríamos la imagen buscando señales: una expresión distinta, una despedida escondida, algo que explicara lo que ocurrió. Pero no hay ninguna señal. Solo hay personas relajadas, vasos a medio llenar y el sol bajando detrás del mar. Durante mucho tiempo eso me enfadó. Ahora agradezco que la última imagen no sea solemne. Nos recuerda como éramos antes de convertirnos en una historia triste: distraídos, ruidosos y completamente seguros de que habría otra tarde.
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